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08 de Mayo de 2000

Rumbo al Walter Penk

Por Arancha Vega Rubio - 

Hasta hace unos pocos años atrás esta cumbre, que se yergue al sur del final del sistema del Ojos del Salado, y a unos 10 km. de su cumbre principal, era una de las montañas menos visitadas del norte argentino.

En los fines del siglo XIX Argentina y Chile decidieron delimitar sus fronteras, que comparten sobre formaciones montañosas, por más de dos mil quinientos kilómetros. Constituyeron consecuentemente ambos países comisiones dedicadas a ello.

Walter Penck fue un geológo alemán, contratado por el Gobierno Argentino, para la investigación geográfica en la Cordillera de Los Andes. Lamentablemente no es mucha la información que tenemos de Walter Penck y su actividad en nuestra cordillera. Corría Diciembre de 1913, contando en ése entonces con unos 25 años de edad cuando partió, en Catamarca, hacia la zona limítrofe. Aparte de sus investigaciones realizó varias ascensiones. Entre las principales, escaló el Nevado de San Francisco, de 6.008 metros de altura, y días después el Inca Huasi, de 6.638 metros. También intentó ascender el Bonete, donde existiría aún un comprobante suyo en una de sus precimas, ubicadas por sobre los 6.300 m, no habiendo llegado a la cumbre principal. Recorrió los pasos de esa región del norte argentino durante los años 1912 y 14.

Regresó a Alemania donde en 1924, donde a los 36 años de edad falleció.

 
Panorama desde Nacimiento. 

Una expedición tucumana que seguía la huella de las expediciones polacas, en el año 1955 y que ya había recorrido la zona cuatro años antes, utilizó el nombre de Walter Penck, en honor a este explorador, para nominar la montaña que ocupó nuestra expedición. Es muy probable que ellos fueran quienes la bautizaran.

Hasta hace unos pocos años atrás esta cumbre, que se yergue al sur del final del sistema del Ojos del Salado, y a unos 10 km. de su cumbre principal, era una de las montañas menos visitadas del norte argentino.

Contribuía también a ello el estar rodeada por una maraña de cimas de más de 6.000 metros que la circundan y mimetizan. La supusimos virgen, pero como veremos la cumbre ya registraba ascensos, pudimos catalogar uno en el año 91 y otro en el año 99 , no así los anteriores. No fue coronada por los polacos.

Ubicación:

La posición del Walter Penck -mal nominado en algún mapa como Nacimiento- es la siguiente: 27°11´817 y Oeste 068° 33´583. Su ubicación está dentro de la provincia de Catamarca, en Argentina, muy cerca del límite internacional con Chile.

Es la novena altura de América luego del Aconcagua, Pissis, Ojos del Salado, Mercedario, Huascarán, Bonete, Tres Cruces, y Llullaillaco y la octava cumbre en altura de las argentinas.

INFORME DE LA EXPEDICIÓN

Ruta Escalada: Desde Plaza Ninfas 6.350 m. ruta p/ Glaciar de los Catalanes, directa a la cumbre.

Al Noroeste Argentino.

 
Glaciar de los catalanes. 

Nuevamente al volante de nuestros vehículos enfilando hacia el noroeste argentino.. Habíamos partido a las 7,30 desde Mendoza y nos encontrábamos el Viernes 11 de Febrero a mediodía atravesando La Rioja bajo un infernal calor que hacía que el aire acondicionado del auto pareciera no funcionar. La tradicional recarga de combustible al llegar a Tinogasta y 50 km. más adelante, en Fiambalá terminamos de coordinar el tema de las mulas que nos apoyarían con la carga de la expedición. Contactos telefónicos previos habían permitido que ya hubieran salido esa mañana, adelantándosenos, con destino al refugio de Quemadito, cercano a Cazadero Grande, donde llegarían el Domingo a la tarde. Continuamos por la ruta 45 que conduce hacia el Paso San Francisco, que comunica a Argentina con Copiapó en Chile. Pronto y tras pasar por Chaschuil, llegamos al familiar refugio de Pastos Largos, construcción solitaria de gastados adobes y techo de palos y cañas, que en tantas ocasiones anteriores nos había acogido. Preparamos una cena común y tras una amena charla que disfrutamos mucho, procedimos a descansar.

La mañana del sábado la dedicamos a aclimatar en los 3.200 metros, recorriendo el cauce del dío Guanchín que discurre muchos kilómetros paralelo a la ruta, y esperando al viejo amigo Johnson, que vendría desde Fiambalá para prepararnos un asado. Cuando llegó teníamos listo el fuego. Era nuestra ultima comida de carne caliente y verduras frescas, regada con buen vino catamarqueño , y la aprovechamos hasta el último hueso.

 
Pissis desde el Walter Penk. 

A las 18 horas y cumpliendo el plan de trabajo, partimos hacia el Refugio de Gendarmería Nacional, que se encuentra a 30 kilómetros, al lado del cauce del río Cazadero, que desemboca en el Guanchín, ingresando un poco más arriba de Cazadero Grande 10 km hacia el Oeste. En la parte final, y con cuidado tuvimos que transitar sectores de fina arena que harían enterrarse a un vehículo común. Es imposible transitar más adentro. Se cierra el valle dejando solo paso al cauce del río. Dejamos nuestras camionetas a los 3.700 m sobre un barranco con desnivel que se levanta unos 50 metros más arriba del refugio en una pronunciada pendiente. Éste estaba ocupado por una patrulla de Gendarmería Nacional que debía introducirse en motos hacia la frontera para el control periódico de hitos internacionales. Armamos nuestras carpas en el entorno, contemplando con deleite la multitud de estrellas que brillaban en el cielo y pensando que el día siguiente domingo, sería dedicado a descansar, fraccionar alimentos y distribuir y preparar el equipo de caminata y de montaña, mientras esperábamos que llegasen las mulas. Recién lo hicieron a las diez de la noche, cuando ya se elevaban por parte de algunos de mis compañeros alguna que otra angustiosa queja pensando que deberíamos llevar toda la carga a cuestas.

El lunes 14 a las 9 y mientras los arrieros Tito y Juan cargaban en sus mulas nuestras bolsas, partimos llevando la mochila a la espalda, con la comida del día, un rompevientos y algo de agua - igual la tendríamos del Cazadero durante el trayecto- , los infaltables bastones, la cámara de fotos y muchas ganas de superar más de 20 kilómetros hasta el Real del Rasguido, nuestra meta. Tras recorrer 6,1 km (leídos en línea recta) llegamos al Chorro, llamado así porque el río produce, en un abrupto desnivel, un bello salto o cascada de casi 3 metros de caída. Cercano a él se hallan unas derruídas construcciones pircadas, a los 3.800 metros de altura. Se impuso un pequeño y rápido refrigerio pudiéndose a las 12 horas continuar la marcha del día. Las márgenes del río estaban pobladas de pasto verde sobresaliendo ininterrumpidamente coirones amarillos, mientras que los en recodos de su cauce se formaban cachalotes de vegetación que brillaban bajo su agua cristalina . Más adelante se abre un amplio valle al fondo del cual se puede contemplar la imponencia de las cumbres del Nacimiento.

Sobre las 14 horas arribamos a la Junta, 27°20´842 y 68°20´305 en los 3.900 metros de altitud, bellísimo lugar de unión de tres brazos de agua sobre un sector casi nivelado lo que produce innumerables meandros con abundante vegetación en sus costados y donde algunas parejas de sorprendidos patos inician, al descubrirnos, raudos vuelos sobre la corriente. Nuevamente habíamos superado más de 6 kilómetros de distancia, en línea recta, desde la última posición tomada en el Chorro.

El Real del Rasguido:

Tras cuatro horas más llegamos al destino del día: el Real del Rasgido, allí se encontraban ya los arrieros y las mulas, que nos habían sobrepasado durante la marcha. Nos apresuramos a armar nuestras carpas luego de extraerlas de los bolsos. Estabamos agotados. Se hallaba nuestro campamento de marcha a 4.300 metros de altura, la posición 27°18´475 y 68°24´620, a 8 y medio kilómetros de la Junta. Había sido la caminata del día de unos 23 kilómetros y medio y el tiempo invertido de 8 horas y media. El promedio de casi 3 kilómetros por hora. La distancia a la cumbre del Walter Penck era de 19,7 kilómetros.

 
Tres Cruces desde el Walter Penk. 

Las mulas manifestaban cansancio por los días de trabajo, ya que avanzaban desde Fiambalá, por lo que decidimos que el día Martes 15 lo pasaríamos descansando junto a ellas en el Real. Y lo hicimos de diversas maneras: contemplando alguno que otro cambio de herradura, mirando a don Juan, el más viejo de los arrieros, quien con los ojos puestos en la distancia hilaba, en un palo a modo de huso, un manojo de lana, para tejer una trenza para manear las mulas. Más tarde caminamos por los alrededores enfrascados en maratónicas charlas, tomando abundante líquido que el río junto al campamento nos ofrecía y comiendo con buen apetito.

Con Joan subimos una montaña cercana, pudiendo admirar hacia el Oeste el cerrado valle que se dirigía por el sur del Nacimiento hacia la depresión de la Laguna Verde del Pissis, y hacia el noroeste,a un kilómetro y medio, la surgente que fundaba al río que bajando por el valle del real y pasando junto a nuestras carpas, se juntaba con el que provenía desde el sur del Nacimiento prosiguiendo hacia La Junta. El Norte era dominado por la silueta del Inca Huasi pero anhelábamos seguir.

El miércoles 16 a las 8,30 estábamos nuevamente clavando las puntas de nuestros bastones sobre las piedras. Tras dos horas de marcha arribamos al lugar en que en febrero del año pasado habíamos hecho el campamento Base para escalar el Nacimiento, a 4,5 kilómetros del punto de partida del día, sobre los 4.865 metros y en los 27°17´268 y 68°26´614. Tras transitar una larga cañada con un desnivel progresivamente ascendente, llamada "del Carbón", paralela al Nacimiento, a su final y entre medio de agonizantes penitentes de hielo que daban origen a un corto curso de agua que pronto desaparecía en el piso de rocas, ascendimos una cuesta accediendo a una pequeña planicie sobre la cota de los 5.000 metros de altura, saliendo de la quebrada del Carbón. Ya eran poco más de las 12 del día, estábamos 11 km. mas allá del real del Rasguido y faltaban 13 kilómetros para el Walter Penck.

La posición 27°16´033 y 68°27´594. Continuamos sobre un desnivel más pronunciado hasta que divisamos a lo lejos a las mulas, al lado de uno de los tantos glaciares existentes. Ello nos indicaba cuál sería nuestro Campamento Base. Al fondo se veía al Walter Penck y al costado derecho al Olmedo. A las 15,40 horas llegamos junto a las mulas y a nuestro equipo. La altura 5.560 metros. El desnivel superado ese día era de más de 1.200 metros y la distancia recorrida en la jornada de unos 14 kilómetros. Luego de convenir con los arrieros que viniesen a recoger nuestra carga el domingo 20 a mediodía, en que esperábamos estar de regreso de la cumbre en el campamento base, éstos iniciaron con sus animales, ya bien livianos, el retorno hacia el Real del Rasguido, donde esperarían.

Campamento Base con dudas:

 
Ojos Salados desde el Walter Penk. 

Sabíamos muy bien que donde estábamos no era un lugar ideal. Había sido determinado con los arrieros desde lejos, cuando accedimos a los 5.000 metros, pero serviría. Debía haber un sitio con agua. Ya lo ubicaríamos. Armamos nuestras carpas, comimos, derretimos nieve y nos concentramos en determinar posiciones y estudiar los mapas y el relieve. Anteriormente habíamos fracasado en llegar a la cumbre principal cuando encaramos esta montaña por Chile y ascendimos el Volcán de los Arianos, quedando a 2 kilómetros de la verdadera cumbre y sin logística para continuar. Sabíamos que la tremenda mole que veíamos perfilada en el cielo del horizonte tampoco era la verdadera, por las observaciones y fotografías que habíamos sacado desde la cumbre del Nacimiento. En consecuencia deberíamos superar los 6.000 metros, bordear el que llamamos "Falso Walter Penck" y encontrar la montaña de nuestros anhelos. Nos separaban del Walter Penck unos 7,5 kilómetros en línea recta.

La mañana del jueves trajo una ingrata sorpresa: Mariano había tenido durante la noche accesos tos con flema, consecuencia tal vez de una gripe mal curada anterior a su viaje y decidió no continuar. Alguien debía acompañarlo de regreso hasta el Real del Rasguido. Inmediatamente se ofreció David. Una vez más sacrificaba una cumbre para asegurar el regreso de un compañero. Nos despedimos de ellos con cierto dolor y partimos a las 10 en línea recta al Walter Penck, con el peso de las mochilas -cargadas con el equipo de altura y las carpas- y con el lento paso de las botas dobles, extrañando muchísimo a las mulas. Tras superar un hombro de cresta y tratando de no perder altura nos introducimos en un largo u ancho cauce que traía un fino hilo de agua clara de deshielo desde la elevación a la cual nos dirigíamos, y que terminaba su tránsito en la base del Olmedo. En el cauce debería haber sido el campamento base, unos 600 metros mas adelante del que hicimos.

 
EL Chorro. 

Al volver la mirada observamos como nuestros dos compañeros, que nos contemplaban desde nuestra partida, nos saludaban desde lejos. Continuamos avanzando por el ascendente cauce. Más adelante en un descanso pude tomar una posición; 27°13´841 y 68°31´422 y la altura 5.730 metros. Estábamos 170 metros más arriba del punto de partida del día. En nuestro avance llegamos, tras una pequeña curva, al glaciar a cuya base nacía el fino arroyo y que tapizaba un valle circular. Su masa de hielo y nieve se proyectaba ascendentemente hacia los 6.000 metros por lo que debimos colocarnos los crampones y encarar el ascenso. Continuamos lentamente, acompasando la respiración al ritmo de nuestra marcha sobre el hielo y al llegar a su altura final accedimos a un pequeño anfiteatro nivelado con base de piedra muy fina, ideal para armar nuestro campamento 1.

Campamento Uno.

Eran las 14,30 horas, habíamos caminado durante cuatro horas y media unos 4 kilómetros y logrado 390 metros más de altura. Nos encontrábamos a los 5.950 metros y la posición era 27°13´269 y 68°32´045.

Nos sentíamos protegidos en ese sitio. Pero durante la noche notamos falta de aire por la baja presión y nos tapaba un techo de nubes al no circular viento. Todo esto contribuyó a motivar algún dolor de cabeza que no nos impidió continuar al día siguiente. Esa noche al tomar la temperatura leímos 1° grado dentro de la carpa y menos 10° en el exterior.

Hacia Plaza Ninfas:

 
Pissis desde el Walter Penk. 

El viernes partimos poco antes de las 10 desde el Campamento Uno nuevamente con todo el peso de las mochilas sobre nuestras espaldas, clavando nuestros crampones en un glaciar que nos permitió acceder a la falda de hielo del falso Walter Penck. Tras superar 290 metros de altura llegamos a la base del morro que se proyecta unos 300 metros hacia el cielo y que es el perfil que se observa desde el Sur y el Este como la cumbre del Walter Penck. Debíamos rodear este monte hacia el Oeste transitando una cómoda cornisa que se forma a los 6.200 metros, aprovecharla de paso para armar nuestro Campamento Dos y desde ahí detectar la verdadera cumbre. Apareció un buen lugar para nivelar el suelo y armar nuestras carpas, aunque separadas por piedras grandes entre sí. La posición fue 27°12´828 y 68°32´834. La altura 6.250 m.

La diferencia de altura del día era de 300 m y la línea recta que nos separaba del Campamento Uno de un kilómetro y medio, que nos había demorado 3 horas y media. En honor a Mirta y Beatriz, por ser las primeras mujeres en llegar al lugar y ser luego las primeras en ascender la cumbre, denominamos al lugar como Plaza Ninfas. Plaza Ninfas es un excelente sitio a 2 kilómetros y medio y unos 400 metros de desnivel de la verdadera cumbre, ideal para utilizar de campamento antes del ataque final y donde quedaron las marcas de nuestros sitios de carpas. Acomodamos nuestro equipo y antes de derretir nieve para obtener agua, decidimos, sin carga alguna, realizar una tarea de exploración. Continuando el rodeo de la falsa cumbre y tras unos escasos 200 metros de caminata entre piedras y nieve accedimos al punto que nos permitía ingresar al gran glaciar que descendía de la cumbre verdadera, la que tras unos pocos pasos más, pudimos contemplar en plenitud. Se recortaba al fondo, sobresaliendo al costado izquierdo de la pared oeste del falso WP. No daba lugar a duda alguna.

Sacamos fotos y volvimos al calor que nos brindarían las carpas y una comida ligera. Nuevamente la ceremonia de intentar conciliar un buen sueño a esa tremenda altura, donde el viento intensamente frío y sonoro nos acompañó durante la noche. No fue fácil. La falta de oxígeno y el nerviosismo de lo que nos esperaba al día siguiente motivó que fuese una noche pesada y poblada de raros sueños, alguno ni siquiera durmió.

La buscada cumbre.

La mañana del sábado, a las 8 y media nos encontró cerrando con cuidado nuestras carpas, que nos deberían esperar armadas. Partimos en fila india con los crampones bien ajustados, bastones y alguna piqueta y una cuerda por precaución, hacia el glaciar sur del Walter Penck, denominado de ahí en más como Glaciar de los Catalanes en honor a Joan y Pedro, los catalanes que nos acompañaban. Llevábamos lo imprescindible de abrigo, liquido y raciones ligeras, incluso algunos renunciamos al peso de la mochila. Avanzamos por el glaciar, inicialmente con el tremendo frío del amanecer que en la zona de sombra proyectaba la falsa cumbre, pero más tarde recibiendo los tenues rayos del amanecer. El glaciar en su caída, de unos 40 a 45 grados, ofrecía alguna que otra pequeña terraza que nos permitía encauzar más directamente nuestro avance. Poco más de tres horas después nos encontrábamos por encima de la altura del falso Walter Penck y ante un gran morro tapizado de grandes y brillantes piedras separadas por nieve, que se elevaba poco más de 50 metros delante nuestro, con una inclinación superior a los 45 grados. Dejamos los crampones, piolets y bastones juntos y bien visibles, para recogerlos a la vuelta e iniciamos el ascenso final encaramándonos y ascendiendo entre las piedras.

 
Cumbre del Walter Penk. 

Al llegar a la superficie de cima aparecieron sobre ella algunos montículos compactos de piedras pulidas y trapezoidales, de unos 15 a 20 metros de altura cada uno, que tachonaban la cumbre. Esto nos preocupó ya que nos confundían al no poder determinar fácilmente cual sería la mas alta y a la vez la cumbre del Walter Penck. Joan se dirigió resueltamente hacia uno y pronto sus gritos nos dieron a entender que la había encontrado. Eran las 13,30 horas del 19 de Febrero. Habíamos demorado cinco horas desde Plaza Ninfas en llegar a la cumbre y salvar el desnivel de poco más de 400 metros. Con nerviosismo revisamos las pequeñas piedras que tapaban un intersticio de otras más grandes y apareció una bolsa con comprobantes.

Primero una pequeña carta escrita en alemán, luego un sobre con una medallita con las imágenes de Nuestra Señora de las Victorias y de Santa Genoveva con la leyenda en francés "Ste-Genevieve" y al dorso "Notre-Dame-des-Victoires". Luego dos banderines dejados por Cesar Burgos y Philippe Reuter en el año 1991, y finalmente un libro de cumbre instaurado por tres alemanes, uno de ellos Alexander Von Götz que nos habían precedido en Diciembre de 1999, accediendo al Glaciar de los Catalanes desde el final norte del Valle del Pissis, desde Chile.Registramos en el libro de cumbre nuestro ascenso con sus principales datos y añadimos también los de la expedición chilena de 1991. La posición S27°11´817 y O68°33´583 y también daba el GPS una altura de 6.670 metros. Salvo alguna expedición anterior a la de Burgos y Reuter de 1991, probablemente de Johan Reinhart, (que deberemos confirmar) aparentemente no llegó nadie más a esta cumbre central. Tal vez sí a las otras que la rodean, como nuestro ascenso en febrero de 1998 al Volcán de los Arianos, al que ahora veíamos dos kilómetros al Norte en línea al Ojos del Salado y de la de los marplatenses, en noviembre de 1999, a la falsa cumbre del W.P. que teníamos a nuestro sur.

Poco a poco nos juntábamos en la cumbre en medio de efusivos abrazos y felicitaciones mutuas. La llegada de Mirta y luego Beatriz - las dos primeras mujeres en ascenderlo-, dentro de la primera expedición argentina, fue muy festejada.

Nuevamente contemplamos el entorno imponente de las principales cumbres de América, mientras Hans hacía flamear una bandera alemana que dejaría de comprobante en la cumbre. La larga depresión que forma la laguna verde y su salina exaltaba completamente el cordón del Pissis. A poco más de 10 Km el Ojos del Salado nos presentaba su poco conocido flanco sur. El cansancio había desaparecido como por arte de magia. Las más altas montañas de América escribían, a todo nuestro alrededor, su mensaje en el cielo. El clima era agradable y soleado aunque frío.

 
Imagen en la cumbre. 

A las 14 horas comenzamos a bajar. Llegamos a donde quedaron los crampones y demás equipo y luego procedimos al regreso por el glaciar de los Catalanes hacia el campamento de Plaza Ninfas donde llegamos, recuperando aire a cada paso que bajábamos, a las 17 horas.

Nos acomodamos en las carpas, cansados hasta para comer y dejamos para el día siguiente el regreso de casi 8 kilómetros hasta el Campamento Base, donde a las 13 horas deberían llegar las mulas a recoger nuestros equipos y cargas.

La mañana del día veinte nos encontró más descansados Llegamos con nuestras mochilas cargadas, inclusive con la basura, hasta el Campamento Base, armamos nuestros bolsos distribuyendo las cargas y dejamos sólo lo imprescindible para terminar de recorrer unos 35 kilómetros hasta Quemadito. A la hora señalada llegaban las mulas con gran alegría del grupo. Empezaba ahora el regreso, mucho más liviano ya que hasta las botas dobles habíamos colocado en el equipaje que bajaban las mulas.

Tras la larga marcha, que incluyó el vivaqueo de una noche en el Real del Rasguido, donde nos acompañaron las estrellas, ya que tuvimos por techo la diáfana vía láctea que tan bien se aprecia por arriba de los 4.000 metros de altura, llegamos todos a Quemadito pasado el mediodía de la siguiente jornada.

El próximo paso sería llegar esa misma noche a las termas de Fiambalá. Disfrutar allí las diferentes temperaturas de las cálidas aguas que hay en sus escalonadas piletas y una buena y suculenta comida caliente. Luego al siguiente día el regreso.

Jaime Suárez

Integrantes:

p/ UPAME, FAE, C.A.M., miembros de Instituciones adheridas aFEDME, Jaime Suárez G., Mirta Sarmiento, Beatriz Orellana, Hans Siebenhaar, David Flores, Joan Rovira, Mariano Muñoz, Pedro Martínez.


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