Política de Cookies
Utilizamos cookies propias y de terceros para analizar la navegación en nuestra web y así poder ofrecerte una mejor experiencia y servicios. Si continúas navegando, entendemos que aceptas nuestra Política de Cookies
aceptar
«Portada
«Perfiles
15 de Octubre de 2001

Paul Pritchard: Vivir para contarlo

Por  - 

Paul Pritchard era (es) un gran escalador de roca, con una trayectoria imparable... que terminó de pronto el 13 de febrero de 1998, en el Totem Pole (Tasmania). Cuando la peor pesadilla de un escalador se hace realidad, es difícil asumir, como él ha hecho, que la vida sigue.

Foto: www.paulpritchard.com 
Paul Pritchard sigue recuperando movilidad poco a poco 

Cuando Paul Pritchard ganó el prestigioso premio literario Boardman-Tasker por su obra "Deep Play" se sintió inmensamente feliz. No por vanidad de autor, sino porque el dinero del premio le permitiría cumplir su sueño de dar la vuelta al mundo, escalando paredes por todo el globo. Lo que no sabía entonces es que su gran viaje terminaría, literalmente, de una pedrada. Que sobreviviría de milagro tras meses de auténtica pesadilla. Que su vida nunca volvería a ser igual. Y que, paradójicamente, volvería a ganar el Boardman-Tasker con otro libro, en el que narra con terrible claridad los acontecimientos que siguieron a su accidente en el lugar da nombre a esta obra: "El Totem Pole". Esta aguja de granito, rodeada por el mar en los acantilados de la lejana isla de Tasmania, marcaría el antes y el después en la vida de este escalador, que ya se había convertido en una figura puntera a nivel mundial.

Pritchard nació en Bolton (Lancashire), en 1967 y empezó a escalar con dieciséis años, en las escuelas cercanas a su ciudad. Sin embargo, pronto la escalada se convirtió en su obsesión, en el motor de todo. Tras abrir un buen número de vías muy expuestas en Lancashire, comenzó a visitar otras escuelas y estuvo escalando cinco meses seguidos en el Verdón (Francia). A la vuelta, se mudó a Llanberis, una zona puntera de escalada en el norte de Gales. A los 25 ya era todo un referente, y su nombre estaba en las líneas más difíciles de los muros de la zona. Siguiendo la "escuela británica" de escalada libre en paredes sin equipar, pronto cambió su isla se le quedó pequeña.

Combinó sin problemas la escalada con el alpinismo y, con la llegada de los años 90, se dedicó a viajar a las cordilleras y grandes paredes míticas del planeta. Intentó repetir el Pilar español del Baghirati III, en Gangotri (Himalaya indio), frustrada precisamente por sufrir heridas tras una caída de piedras, aunque sí pudo abrir varias vías en Hampi, en el sur de la India. Después viajó a la Patagonia, donde abrió la Cara Este de la Torre Central del Paine, "El Caballo de Diablo" en la Torre Norte del Paine y "Planet Earth", en el Paine Chico. Los siguientes ocho meses estuvo viajando y escalando por Sudamérica (vías en Argentina, Grandes Paredes en Brasil y seismiles en solitario en Bolivia, además de un intento a la Este del Cerro Torre, etc.) .

Foto: www.paulpritchard.com 
Pritchard con su esposa, cerca del Monte Kenia 

Después de volver al Himalaya de Garwhal para intentar el Meru Central (el famoso Shark Finn, inescalado hasta hace un mes), conoció las grandes vías de El Capitán, en Yosemite, subió hasta el Ártico para abrir una nueva vía en la Oeste del Asgard, en la isla de Baffin, y luego cruzó el globo para llegar al Karakorum y ascender en estilo alpino la ruta eslovena a la Gran Torre del Trango. No obstante, tuvo tiempo para volver a escalar en Escocia, en su Gales natal, y en los Alpes Julianos (Eslovenia).

En 1997, tras un viaje a Khirgizstán, donde abrió un Big Wall de 1200 m. y E5 (bautizado como "Wall of Dykes"), presentó al Boardman-Tasker un libro en el que recogía su impresionante trayectoria alpinística, bajo el título de "Deep Game". El primer premio (y el dinero que incluía el galardón), marcaron la salida de un viaje alrededor del mundo, de pared en pared.

Inmerso por completo en la idea de escalar más y más, sin pensar en otra cosa que en acumular paredes, lo último que podía haber previsto es que una piedra del tamaño de un televisor le diera en la cabeza cuando escalaba el Totem Pole, un impresionante monolito sobre en mar en los acantilados del Sur de Tasmania pero que, después de todo, sólo era una escala más en el enorme viaje que le había llevado justo antes a Borneo (donde escaló en el Monte Kinalabu) y Australia (con parada en las Blue Mountains y en el Monte Búfalo), y que debía continuar con Alaska y Canadá como próxima etapa. Un viaje que terminó de pronto el 13 de febrero de 1998.

Paul viajaba acompañado por su novia de entonces, Celia, también una potente escaladora, aunque él mismo reconoce que él decidía las escaladas son pedir opinión a su compañera. Al parecer, ella no tenía ningún deseo de encaramarse a esa aguja de granito. Sin embargo, fue Celia la que mantuvo la calma cuando el accidente dejó a Paul colgando boca abajo sobre el agua y echando sangre por el boquete abierto en su cráneo, le izó, buscó ayuda y le salvó la vida.

Foto: www.paulpritchard.com 
Escalando en las paredes de Gales, en los años ochenta 

Claro que la vida, tal como él la entendía, se había terminado para Pritchard. Tras la agonía de la UVI, las secuelas eran patentes: había quedado hemipléjico. Los médicos pensaron que nunca podría volver a andar, ni siquiera a hablar. Mucho menos a escalar. El escalador obsesivo se encontró en una silla de ruedas, con todo su lado derecho inmovilizado, con su capacidad de lenguaje reducida a un balbuceo y con la memoria seriamente dañada.

Lo cierto es que, tras mucho tiempo, dolor y el natural golpe psicológico, Paul ha sabido dar una nueva dirección a su vida, centrándose en su lenta recuperación (que ha sido notable) y dedicándose, en cierto modo, a dar ejemplo: tras tres años desde su enfermedad, encontró la manera de comprometerse con una buena causa a través de Headway, la asociación de víctimas de danos cerebrales, en la que quiere dar a conocer las dificultades por las que pasan aquellos que sufren traumatismo encefálico con secuelas, y animar a las víctimas a que no se rindan y continúen con su vida.

A pesar de su disminución física (no puede mover un brazo y una pierna) ha viajado por el Atlas de Marruecos y, el año pasado ascendió el Point Lenana del Monte Kenia. Esta última ascensión iba encaminada a recaudar fondos para Headway, pero también fue la ocasión en que, pese a todo, Pritchard se volvió a ver encordado, y en alta montaña. Ahora sigue luchando por su lentísima pero efectiva recuperación, y busca nuevos retos alpinísticos.

 

Totem Pole, en Barrabes Editorial:

La próxima semana saldrá a la venta la edición traducida al español de "Totem Pole", la obra más intensa (y más premiada) de Paul Pritchard, editada por Barrabés. Pritchard sabe mantener el ritmo, a lo largo de todo el texto, para ordenar sobre el papel los acontecimientos que habían sembrado el caos, físico y psíquico, en su cabeza. El resultado es una historia de ésas en las que preferimos no pensar pero, al mismo tiempo, sumamente atractiva, que mantiene al lector pegado a las páginas, aunque esté compartiendo con el autor, de manera muy cercana, una experiencia terrible. El libro es un testimonio sobre crisis y de superación (sin caer en moralinas ni sentimentalismos autocompasivos) pero también -y sobre todo- es un libro de escalada, de escalada en paredes casi vírgenes y roca perfecta del otro lado del planeta, de esas con las que soñar a pesar de los riesgos. Porque la novela de Pritchard no provoca deseos de "tirar la cuerda", sino todo lo contrario, de disfrutar más de cada largo.


¿Necesitas ayuda?


O llama al 974 215 497 (Horario: L a V de 9h a 19h)

icon Descárgate nuestra App

  • icon
  • icon
  • Facebook
  • Twitter
  • Youtube
  • Instagram
Partner
www.mammothbikes.com
El especialista en ciclismo
© 1995-2019 Barrabes Esquí Montaña S.L.U.