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01 de Enero de 2000

Expedición Comunidad Valenciana al Karakorum

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Expedición de la Comunidad Valenciana al Gasherbrum II.

 
Gasherbrum II 

Hace ya treinta años que se inició la aventura del alpinismo valenciano con la Expedición . En ella varios montañeros valencianos del Centre Excursionista de València de la época pusieron la primera piedra que marcaría el camino a futuras empresas de mayor envergadura.

Desde entonces, se han ido sucediendo varias expediciones que han continuado la labor iniciada por aquellos pioneros, algunas de ellas con actividades de notable relevancia a nivel internacional, como la 5ª escalada mundial a la pared sur del Aconcagua solo dos años después (1972), o ya mas tarde (1981) la ascensión al Pico Lenin, primer "sietemil" escalado por montañeros valencianos; al Nanga Parbat de 8.145 mts (1986), primer ochomil valenciano; al McKinley de 6.194 mts (1986); Annapurna de 8.091 mts (1987) y al Manaslú de 8.156 (1988), culminando todo este proceso con la primera ascensión valenciana al Everest de 8.848 mts en 1991, repetida por montañeros castellonenses en 1996.

La mezcla de veteranos de otras expediciones al Himalaya, Andes y Alpes, junto al ánimo y la juventud, no exenta de experiencia, de una nueva hornada de montañeros valencianos, al estilo de la expedición británica que consiguió el éxito de alcanzar la cima del Everest en 1953, nos situa en la rampa de lanzamiento para conseguir este objetivo común.

OBJETIVO

El proyecto de ascender un "ochomil" surgió hace ahora casi tres décadas en el ambiente montañero valenciano. La escalada en roca había alcanzado ya un nivel excelente, algunos grupos habían realizado importantes actividades en los Alpes Occidentales y en los Dolomitas, y se habían efectuado dos expediciones a Groenlandia. Como colofón de todo ello, cuatro valencianos superaban en 1972 la temible Cara Sur del Aconcagua. Esta escalada, la 5ª mundial, fue considerada la actividad más relevante del alpinismo español hasta ese momento. En aquel entonces ningún "ochomil" había sido alcanzado todavla por españoles. La euforia se apoderó del mundillo montañero valenciano y surgió por pri-mera vez la expresión "Valencia"8000" para designar el proyecto de ascensión a una de las catorce montañas más altas del mundo.

Diversas dificultades impidieron que tal proyecto se hiciera realidad inmediata. La primera Expedición Valenciana al Himalaya no tendría lugar hasta doce años más tarde. Sus componentes, que eran todavía adolescentes cuando se escaló la Cara Sur del Aconcagua, habían ido acumulando entretanto una valiosa experiencia en los Alpes y habían realizado ya dos expediciones extraeuropeas, en las que habían ascendido al Huascarán (6.768 m.) en los Andes, en 1980 y al Pico Lénin (7.134 m.) en el Pamir, en 1981.

El nombre "Valencia"8000" fue utilizado de nuevo para designar a la Expedición que en la primavera de 1984 partió hacia el Himalaya. Su objetivo era el Gasherbrum II (8.035 m.), en el Karakorum. Debido al mal tiempo, la cumbre de esa montaña no pudo ser alcanzada pero la expedición aportó una valiosa experiencia. El primer "ochomil" valenciano fue por fin alcanzado dos años después. En agosto de 1986, una Expedición capitaneada por el veterano Miguel Gómez ponía el pié en la cima del Nanga Parbat (8.125 m.), la montaña trágica del Himalaya. Al año siguiente la hazaña era repetida al alcanzar la cordada Juan C. Gómez y Coque Pérez la cumbre del Annapurna (8.091 m.). Ambos osados alpinistas pagaron su éxito con congelaciones en manos y piés. Finalmente, la tercera gran victoria valenciana en el Himalaya llegó en 1988, con la ascensión al Manaslú (8.156 m.), realizada por el ilicitano Juan Agulló, que formaba parte de una Expedición de montañeros alicantinos. La culminación de este proceso tuvo lugar con la primera ascensión valenciana al Everest 8.848 mts en 1991, hazaña repetida por montañeros castellonenses en 1996.

 

Pero no todo han sido éxitos durante estos años, otras expediciones valencianas al Himalaya han sido menos afortunadas. La que intentó el Thalay-Shagar (6.904 m.), regresó sin haber podido alcanzar la cumbre de esta difícil montaña. La Expedición "Comval" que intentó el Annapurna en 1987 pasó por el dolor de perder a uno de sus miembros a causa de un accidente en la montaña; se trataba del experimentado alpinista Andrés Ferrer Montalbán, que contaba en su haber con la primera ascensión valenciana al Alpamayo (Andes) en 1984. Una Expedición ligera que intentó el Dhaulagiri (8.167 m.) en 1987 se quedó muy cerca de su cumbre y, por último, una Expedición dirigida también por Miguel Gómez, se enfrentó en 1988 al Makalu (8.481 m.) por una vía muy larga y difícil en la que fracasaron.

En algo más de tres décadas, el montañismo valenciano ha logrado pasar de la Sierra Calderona al Himalaya. Hemos realizado ya quince expediciones a grandes picos del Himalaya y se ha alcanzado la cima en diez ocasiones. A ello hay que agregar que en estos últimos años, se han efectuado otras expediciones "menores" a otras cordilleras (Alaska, Andes, Africa Oriental). En la actualidad el deporte valenciano cuenta con montañeros decididos y experimentados, capaces de enfrentar se con éxito a la ascensión de un ocho mil.

Un ochomil supone un reto incontestable y con una alta dosis de riesgo. Alcanzarlo es la culminación de un proceso personal y colectivo. Para llegar a su cumbre, un alpinista se forma física y espiritualmente durante años. Un grupo bien conjuntado y capaz de enfrentarse con éxito a un ochomil solo surge de una colectividad en la que el contacto con la montaña sea una actividad bien asentada. Por su carácter de símbolo, alcanzar la cima de un ochomil es un logro en el que muchos ciudadanos se sienten representados colectivamente. Las ascensiones a estas montañas han estado tradicionalmente impregnadas de cierto sentido nacionalista, no olvidemos el tan sonado eslogan catalán de "hem fet el cim".

Este sentido es el que ha animado también a las varias expediciones españolas que los han intentado. Muchas cumbres han podido ser alcanzadas gracias al respaldo social que las comunidades y la iniciativa privada proporcionaron a sus respectivas expediciones. De otra forma no hubiera podido hacerse frente a tan extraordinarias dificultades económicas y organizativas.El Gasherbrum II es un reto personal para cada uno de nosotros pero también un reto colectivo para nuestro deporte y para los valencianos en general. Hacernos dignos de llegar a su cima es el objetivo de todos nuestros esfuerzos.


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