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26 de Noviembre de 1999

Silvia Vidal, la magia de un proyecto.

Por Arancha Vega Rubio - 

Silvia Vidal, la magia de un proyecto.

Tiene 28 años y no siempre ha hecho montaña. Desde pequeña el deporte ha formado parte de su vida, pero entonces su atención la acaparaba el atletismo. La montaña era para aquellos fines de semana en los que no había ni competición ni entreno, es decir, casi ninguno.

Foto: Colección Barrabés 
Silvia Vidal. 

El primer contacto que tuvo con la montaña fue con la familia, aunque en aquel entonces no eran muy montañeros ahora sí lo son. La vida de Sílvia ha estado siempre relacionada con el deporte. Mientras estudiaba INEF se le ofreció la oportunidad de participar en un equipo para competir en el Raid Verd, ese fue su primer contacto con la escalada. "Yo no tenía ni idea, porque no había escalado en mi vida y fui colgada como un chorizo durante toda la vía que tuvimos que hacer". Dos años más tarde empezó a escalar más a menudo "supongo que lo que más hace es el buen rollo que tienes con la gente con la que has empezado a escalar".

Le llamaba mucho la atención hacer artificial y por eso empezó, un poco por su cuenta. La gente con la que escalaba prefería el libre, pero ella veía que había algo más aparte del libre. "Mientras yo escalaba por Vilanova y por Terradets, veía a la gente que iba a escalar con martillos y clavos mientras yo iba con cuatro cintas..." Al empezar a probarlo descubrió que le gustaba muchísimo y que, además parecía que no se le daba mal.

En un año escaló su primer A1 y también su primer A5.

No se puede tener todo

Trabajaba de profesora de educación física en un instituto. Apenas un año después de acabar la carrera empezó con la escalada artificial y dejó todo lo demás. Aunque no es fácil, procura vivir de la montaña; de hecho, debe ser de las pocas personas que, en España, se pueden permitir vivir de la escalada. Aún así afirma que las grandes paredes son todavía su hobby y no una manera de ganarse la vida. Sin embargo, ahora que todo gira alrededor de la escalada, se queja también de que, a menudo los temas de conversación también se centran en esta actividad: "Menos mal que como empecé tarde aún tengo amigos de los de toda la vida que casi no saben ni lo que es la escalada. De todos modos me gustaría poder compaginar la escalada con lo que he estudiado, pero ahora mi prioridad es la montaña y por eso he renunciado, de momento, a la docencia. Todo tiene su tiempo."

Imaginación y creatividad

Foto: Colección Silvia Vidal 
Amin Brakk, "Sol Solet". Aproximación a la pared. 

Llegar de A1 a A5 en un año es más que nada anecdótico, apunta Sílvia. En realidad aún quedaba -y queda- mucho por probar y por experimentar. "Hay vías y vías, grados y grados y, momentos y momentos". A partir de 1994 empezó a poner los primeros friends en zonas de Cataluña, sobre todo en Montserrat, su primera escuela y donde escaló las primeras vías más difíciles: "Para mí el conglomerado es lo más complejo que hay en el mundo del artificial -y eso que he escalado en muchas paredes diferentes-. Casi todas las grandes paredes del mundo son de granito y, aunque puede tener muchísima dificultad, suele ser más evidente y más lógico qué material y dónde tienes que ponerlo."

Sílvia define el artificial extremo como una escalada donde la imaginación juega un papel muy importante. Normalmente en artificial el escalador no se encuentra el camino marcado con los restos de una cordada anterior. "Tú te encuentras una placa y hay que subir por ahí, no sabes por donde pasó la cordada anterior. Es una escalada con mucha tensión; vas colgado de lo que tú vas poniendo y la dificultad está en la precariedad de los seguros que tú mismo has puesto. Te cuelgas de cosas que son mínimas y, además varias seguidas... La cabeza te va a mil."

En verano de 1995 se desplazó hasta Yosemite donde realizó su primera ascensión en solitario. Después de cinco días colgada en la pared, sin fijar cuerda y en solitario, ascendió "Zodiac" en El Capitán. Poco a poco y junto con Pep Masip comenzó a abrir nuevas vías, primero en territorio nacional y después, cada vez más en el extranjero. Se le abría una de las caras más amables de este deporte, viajar. "Te enteras de que hay una pared en algún sitio porque alguien te habla de ella, ves una foto en alguna revista y te entran ganas de ir allá a verla, entonces empiezas a viajar." Sin embargo a veces no hay que salir fuera para encontrar algo mejor de lo que se tiene en casa. "Mi segundo gran reto fue en el Naranjo de Bulnes: "Principado de Asturias" en solitario. Fueron cinco días, como en "Zodiac", pero se sumaba la dificultad técnica. Esa pared son palabras mayores. Es donde más frío he pasado y donde la vía ha representado para mí una movida de tarro constante. El Naranjo es una pared relativamente larga para la escalada artificial, ya que es calcárea y, además cuenta con cambios climatológicos muy bruscos."

Artificial a más de 5.000 metros

La aventura más reciente la concluyó este verano en Pakistán, junto a Pep Masip y Miquel Puigdomènech. Se plantearon una pared de la que no sabían exactamente su longitud porque era una cima virgen. Había tenido un intento por parte de Jon Lazkano, Adolfo Medinabeitia y José Carlos Tamayo.

Foto: Colección Silvia Vidal 
"Veus del desert", Mali. Rapelando. 

La línea que eligieron para la ascensión parecía tener un grado bastante alto, porque es una pared que no tiene fisuras. "Era una mole granítica. Además existía el tema de la altitud, la caída constante de piedras, de nieve, hielo... todo esto para mí era nuevo. Todas estas cosas añadían nuevos ingredientes a la salsa." Si se parte de la base de que el Capitán (Yosemite) tiene casi 1.000 metros, hay que apuntar que ésta tiene 1.650 metros y está aproximadamente a 5.500 metros. Sílvia se preguntaba si sería capaz de resistir físicamente más de un mes colgada en la pared y moviendo petates constantemente. ¿Podría o no podría? "A veces me sorprendo a mí misma. Iba muy tranquila, no recuerdo haber sufrido en exceso. Es cierto que tuve mucho frío; llevábamos la comida muy racionada y encima estuvimos cuatro días más de lo que habíamos previsto, lo que nos obligó a racionar sobre una cantidad que prácticamente era mínima. Entre el desgaste físico y la altura, al final pasamos bastante hambre." Para colmo de males, el tiempo tampoco acompañó esta ascensión que, aunque en alta montaña nunca se sabe, no era época de tanta nieve. Pese a todo, tuvieron éxito, lograron la cima y descendieron sin problemas.

Lo más importante en una ascensión, declara Sílvia, es la logística. Con apenas información para llegar a este valle perdido en tierras Pakistanís, Pep y ella habían visitado el año anterior la zona donde se encuentra el Amin Brakk, estudiaron la situación. Al llegar se dieron cuenta de que no tenían ni tiempo, ni material ni la comida necesaria para escalar aquella señora tapia. Aún así, no perdieron el tiempo, escalaron otra aguja -más pequeña- que les gustó mucho, con cantidad de sistemas de fisuras. Aprovecharon también para recoger in situ toda la información que pudieron sobre la tapia donde, un año más tarde, abrirían "Sol Solet". Utilizaron el zoom para fotografiar todas las secciones de la cara, averiguaron a qué hora empezaba a darle el sol, qué lado tenía mayor peligro de desprendimientos... "Si no hubiéramos hecho este primer viaje en el "98 no hubiéramos podido hacer la pared, seguro. La logística es muy importante, un buen planteamiento de la ascensión es clave para conseguir el éxito."

Racionando lo irracionable comenzaron a separar comida a los doce días de estar colgados en la pared, "por si las moscas". Aún les quedaban 20 días más. "Fue una visión muy a largo plazo, pero acertada." No esperaban que el mal tiempo continuara, pero gracias a esta previsión y dado que la nieve seguía cayendo, pudieron llegar a culminar la empresa con éxito y con alimentos.

Malos rollos, los justos

Foto: Colección Silvia Vidal 
Vía "Veus del desert", Mali. 

"Éramos tres, Pep Masip, Miquel Puigdomènech y yo, y existe una muy buena relación entre los tres. Fue muy bien, pero es evidente que, en los tres meses que duró el viaje, se presentaron momentos de más tensión o de más risas. Hay de todo, como cuando compartes piso... En tres meses te da tiempo a discutirte y a abrazarte. Hacíamos un buen equipo y eso es muy importante." 32 días en una pared puede llegar a convertirse en una especie de trabajo. Hay que madrugar y soportar un frío de narices; lo bueno de ser tres es que los trabajos están más repartidos y, quizás por eso, cuando estás escalando te puedes sentir más solo en la pared. Uno escala, el otro asegura, y el tercero bien descansa o bien mueve los petates. Se veían por la noche, momento que dedicaban a comer y comentar las maniobras del día siguiente. Se hacen muchas más maniobras que escalada en sí. "Sólo para cambiar de campo te puedes tirar un día completo únicamente moviendo, tensando, desmontando hamacas... todas las maniobras son muy lentas porque todo tienes que atar, que colgar, subes material, bajas material... Hay que repasar todos los movimientos para que no se te olvide nada, porque sino sería un caos."

Pocas mujeres haciendo Big Wall

"Nunca he entendido por qué hay tan pocas mujeres haciendo Big Wall. Es cierto que se requiere cierto físico, pero el 80% es psicológico. Es muy creativo y no entiendo cómo no gusta más a las mujeres. No es difícil encontrar a alguien con quien ir a hacer un día escalada artificial, siempre hay alguien que tiene un martillo y cuatro clavos para hacer un largo, no hace falta hacer una vía para probarlo. Quizá el motivo sea algo más cultural y social que no físico. Creo que falta un poquito de empuje, pero bueno, yo tampoco voy de feminista, no pretendo que ahora todas las mujeres del mundo se pongan a hacer Big Wall. De todos modos y aunque somos una minoría, no es un tema que me preocupe. Cuando me preguntan si preferiría escalar con una mujer o con un hombre, lo cierto es que me da igual; A mí lo que me importa es la persona, con su cara, sus ojos y su carácter, no de qué sexo es."

Sílvia Vidal es morena, menuda y tiene unos grandes ojos claros que se abren desmesuradamente cuando habla de su gran pasión. "Cuando estoy escalando -dice- pienso en la progresión, en lo que tengo que poner, dónde lo tengo que poner y cómo. Me encanta escalar." Para ella el proyecto empieza de pronto, como un impulso y es algo propio, que le pertenece; no quiere que nadie sepa de ello hasta que ha vuelto de viaje, después de saber si ha sido capaz de conseguir una ascensión o no. "Es como algo mágico que prefiero guardar para mí hasta que esté terminado."

Sílvia está esponsorizada por Petzl, Beal, Marmot, Boreal y Bollé.


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