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«Técnica y Práctica
09 de Agosto de 2004

Pasado, presente y futuro del descenso de cañones

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Tras haberse cumplido ya algo más de setenta años desde que se descendió por primera vez un cañón, queremos hacer hoy un repaso a la evolución de la disciplina del descenso de cañones, así como de las técnicas y de los materiales empleados. A la vez, queremos dar ese merecido homenaje a los hombres que recorrieron y exploraron estos senderos de agua por primera vez y a los que han conseguido con su pasión y dedicación, que el descenso de cañones haya alcanzado el nivel actual.

Foto: Andrés Martí y José Monserrat 
Rápel de 57 metros en el Barranco de Guarbena, en el valle oscense de Chistau 

Las cuerdas confeccionadas en polipropileno también han quedado relegadas a un segundo plano. En su día estas cuerdas fueron diseñadas expresamente para la práctica del descenso de cañones, ya que la flotabilidad que les confería el polipropileno evitaba una posible pérdida de la cuerda en el interior de una poza de aguas profundas. Sin embargo, si analizamos detenidamente las características de estas cuerdas, comprobaremos que la flotabilidad tenía un precio demasiado caro. Una cuerda de polipropileno posee una resistencia a la abrasión y a la rotura muy inferior a la de una cuerda de igual diámetro de poliamida. La temperatura de fusión del polipropileno es muy inferior a la de la poliamida, lo que obliga a utilizar estas cuerdas siempre mojadas, en doble y únicamente para el descenso en rápel. Dado que todas las maniobras actuales basan su funcionamiento en sistemas montados sobre un único extremo de la cuerda (en simple) y que el problema de la flotabilidad lo tenemos resuelto mediante las mochilas para la cuerda, ya que éstas disponen de una lámina de espuma alojada en el interior que les confiere flotabilidad, queda claro que la cuerda ideal para el descenso de cañones es la cuerda semiestática de poliamida cien por cien. Especialmente las de tipo A, ya que las cuerdas catalogadas de este modo dentro de la norma EN-1891, están diseñadas para ser utilizadas en simple y poseen una resistencia muy elevada, algo nada desdeñable dentro de un cañón, donde los rozamientos son más habituales de lo deseado. Existe incluso algún fabricante que ha comenzado a comercializar cuerdas semiestáticas con tratamientos hidrófugos, siendo por tanto la oferta actual muy amplia.

La forma de utilizar el ocho ha variado mucho. Los nuevos sistemas desarrollados impiden la formación del temible nudo de alondra, nudo que al formarse accidentalmente durante el descenso de una cascada bloqueaba la bajada y motivaba multitud de accidentes. La introducción de mosquetones de freno adicionales en combinación con el ocho y de sistemas de colocación de la cuerda como el conocido Vertaco, que debe su nombre a haberse desarrollado en la zona francesa del Vercors, han anulado totalmente el nudo de alondra y han permitido un descenso mucho más lento y controlado.

Foto: Andrés Martí y José Monserrat 
Garganta de Miraval, en el Hospital de Tella (Huesca) 

Fruto del pasado son también aquellos barranquistas sin casco, ya que el más mínimo resbalón, además de la caída de piedras, puede desembocar fácilmente en un traumatismo. Cabos de anclaje, bloqueadores, mochilas con sistema de evacuación de agua, cuchillos, silbatos… son equipo habitual de cualquier barranquista que se precie. Hasta existe un “lenguaje barranquero”, consistente en gestos y silbidos, con el que la gente se comunica dentro del cañón con notable eficacia.

Actualmente, ver un grupo experimentado dentro de un cañón es otra historia. A simple vista distinguiremos que el material que portan sus miembros es mayor de lo habitual y más específico.

Existen técnicas en las que se emplea el extremo opuesto de la cuerda de descenso o una segunda cuerda, para asegurar a un miembro del grupo poco experimentado desde lo alto de la cascada o desde su base. De este modo se garantiza que no quede bloqueado bajo del agua, o que descienda de forma demasiado rápida e incontrolada. Otras maniobras como los rápeles guiados permiten el descenso de las cascadas sin apenas tocar el agua.

Lejos han quedado también aquellas tediosas maniobras de plegar y guardar la cuerda después de cada descenso y sobre todo los nudos y enredos. Mediante las mochilas de cuerda o Kit Boulé, se saca únicamente la cuerda necesaria en cada maniobra, se pliega fácilmente y a una velocidad de vértigo, por hasta tres o cuatro personas al mismo tiempo.

Por variar ha variado hasta la forma de saltar o de deslizarnos por un tobogán. Ahora podemos saltar desde grandes alturas gracias a las técnicas que nos permiten mantener el equilibrio en el aire y entrar en el agua de una forma controlada y exenta de riesgos para nuestro cuerpo.

En definitiva, como podéis ver los avances son muy notables, tanto es así, que cualquiera de aquellos barranquistas que nos precedieron, debería pasar hoy por la escuela para volver a descender cañones con seguridad.

Andrés Martí Puig
Técnico Deportivo Superior en Espeleología y Descenso de Cañones
Coordinador del Departamento de Formación Técnica de Descenso de Cañones de la Escuela Española de Espeleología


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