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25 de Agosto de 2003

Así fue la expedición canarias 8000 al Gasherbrum-II

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Los miembros de la expedición Canarias 8000, dos de cuyos miembros hicieron cumbre en el Gasherbrum II, hace recuento de sus logros y de la experiencia, una vez de vuelta en casa. A continuación reproducimos su historia.

Luis Adern mostraba su apoyo a un nuevo intento, mientras que Antonio López, agotado aun por el descenso del día anterior, decidía descender al Campo Base y dar por finalizado su trabajo tras consolidar todos los campos de altura e intentar la cumbre.

Por su parte, Diego Amador se debatía entre las dos opciones, pues aunque agotado por el intento de los días anteriores confiaba en poder recuperarse en 24 horas, pero, por otra parte, su fiel compañero de cordada decidía darse la vuelta. Decide hablar con los miembros de la expedición catalana y afortunadamente encuentra el apoyo de Xavi y deciden hacer cordada juntos para salir al día siguiente.

La despedida entre Antonio López y Diego Amador no es fácil, llevan un mes escalando juntos y a los dos les encantaría compartir la cumbre. Pero los miembros de una cordada no deben confundir sus objetivos de equipo con sus deseos personales y, en este caso la elección de Antonio, aunque tremendamente difícil de tomar y asumir, fue la más acertada.

 
Travesía desde el collado 

Mientras tanto, sin saberlo en el Campo 1, en el Campo Base también se gestaba una estrategia de ascenso, la cordada de Pedro Millán y Chus Cubillas deciden hacer su intento. Cuando Diego Amador comunica con el Campo Base para informar de sus planes, Pedro Millán le pone al corriente de su decisión. Acuerdan reunirse a la mañana siguiente en el Campo 1 para continuar los cuatro juntos hacia el Campo 2, donde dormirían la noche del día 18.

El día 19 Pedro Millán, Chus Cubillas, Xavi y Diego Amador ascienden desde el Campo 2 hasta el Campo 4 (7.400m.), a donde llegan sobre las 16:00. Durante toda la jornada el tiempo había sido estupendo; sólo una leve brisa soplaba en los sectores más expuestos al viento. Pero realmente, lo que les preocupaba era lo que acontecía por encima de 7.400 m., ya que una expedición italiana intentaba cumbre esa misma mañana.

Poco antes de llegar al Campo 4 se cruzan con los italianos, tres de los cuales cumplieron con su sueño. Las noticias eran esperanzadoras: "mucho frío y poco viento". A pesar de esta información, poco más tarde los cuatro se mostraban escépticos, pues sobre las seis de la tarde, ya en el interior de la tienda del Campo 4, el viento movía agitadamente la delgada tela.

Las seis horas restantes hasta adentrarse en la oscuridad de la noche las invirtieron en hidratarse y comer lo poco que acepta el estómago a esta altura. Dormir es prácticamente imposible debido a la falta de oxígeno y a los nervios propios de esta "noche de reyes".

A eso de las 12:30 AM, pasada la medianoche, los cuatro montañeros, comprimidos en la tienda, se incorporaron en medio de una gélida atmósfera y comprobaron - con esperanza- que el viento había amainado a medida que la noche había ido cayendo. No pueden imaginarse el tiempo que tarda uno en vestirse, irse poniendo capa tras capa de ropa, salir del saco caliente (lo más difícil) e intentar comer o beber algo. El primer inconveniente de la madrugada es que a Pedro le da por vomitar nada más empezar a desayunar en la misma puerta de la tienda, ante el silencio y la mirada preocupada de sus compañeros. En estas alturas no es una buena señal como pueden imaginarse pero como consigue beber algo de suero oral justo a continuación todo sigue como estaba planeado, que no es demasiado complicado, salir y "tirar pa arriba". La noche es fría pero van envueltos en monos y manoplas de pluma, pasamontañas y demás prendas de abrigo.

 

Lo más difícil de estas noches -dicen- es el principio, las primeras horas, el cuerpo frío, la inseguridad que representa caminar en la oscuridad sólo con la luz del frontal, la pendiente helada e inestable que hay que superar a velocidad de tortuga, la desesperante escasez de oxigeno y la sensación personal de agotamiento individual que se va apoderando poco a poco de tu cuerpo.

En seguida, se nota quienes se adaptan mejor a las condiciones adversas, Diego se destaca en cabeza del grupo, mientras los otros tres consiguen seguirlo a duras penas. Tienen que atravesar durante tres horas un penoso flanqueo ascendente que discurre por la base de la pirámide somital del G-2. El suelo está helado lo que permite ir más deprisa pero también lo hace más peligroso en caso de sufrir un resbalón. Después de tres horas de lenta ascensión progresiva, el flanqueo termina en un collado desde el que se enlaza con la pala final, 200 metros aproximadamente por encima. Pedro no va bien, tiende a quedarse atrás, llega el último al collado, y allí vuelve a vomitar, dándose cuenta de que allí debe darse la vuelta si quiere regresar con seguridad al campamento. Y sólo quedan tres para alcanzar la cumbre.


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